Thursday, June 17, 2010

Así Somos

Una amiga mía me hizo llegar algunos segmentos de un programa llamado “Así Somos”, que se transmite por Ecuavisa, en Ecuador. Según tengo entendido, este programa sigue el formato de “The View”, que se ve en EE UU. Yo no he visto “The View”, así que no puedo ni comentar sobre tal programa, ni compararlo con la versión ecuatoriana. De lo que he podido ver, “Así Somos” es un programa en que un grupo de mujeres comentan sobre distintos temas. Usualmente son cinco de ellas, aunque el grupo total es bastante mayor y al menos algunas de ellas alternan de un programa a otro.

La extensión de cada tema varía, pero llega a ser de aproximadamente ocho minutos en algunos casos. Los temas son variados, de la eutanasia a la existencia del alma, desde pronósticos sobre el Campeonato de Fútbol hasta los piropos callejeros, de bailes populares a la celulitis. Generalmente una de las damas presenta el tema con una introducción donde en ocasiones hay alguna estadística y en otras un pequeño video documental. A veces hay algún invitado, que puede ser presentado como un o una “experto/a” en la materia discutida.

El programa, para ser sincero, no me gustó particularmente. Creo que su principal problema es que es puramente un espacio de opinión. U opiniones, más bien dicho. Porque por lo común existen cinco opiniones distintas y aunque algunas de las damas pueden estar de acuerdo en algunos puntos, no hay verdaderamente una discusión con argumentos ni hay un cambio de ideas en el transcurso de la misma, y tampoco se llega alguna vez a algún tipo de consenso. Principalmente cada cual da su opinión y eso es todo.

Más aún, aparte de la brevísima introducción, no hay más información sobre el tema. Los “expertos” muchas veces están ahí sólo para —¡sorpresa!— expresar su opinión. Supongo que puede haber otros episodios en que los invitados han ofrecido más a la discusión, pero en los fragmentos que he visto, el decir lo que piensan ha sido el límite de su intervención.

Yo creo que dependiendo del tema, este formato puede ser medianamente interesante, inadecuado o incluso terrible. En el caso de un tema como el de los piropos callejeros a las mujeres, me parece muy bien que las damas opinen. ¿Quién va a saber mejor que ellas lo que se siente en una situación de este tipo? Y el hecho de que estén en desacuerdo es completamente válido en un caso así, porque se trata de ver el mayor número de experiencias, reacciones y opiniones sobre este tipo de situación. Si para una el recibir piropos es halago, para otra gracioso, para una más algo intrascendente y para otra dama un insulto, es interesante saber sobre cada una de estas respuestas.

Por otro lado, en un caso como el de la eutanasia sería importante no solamente contar con opiniones, que no están demás pero son insuficientes, sino también con mayor información y mejores argumentos. En inglés existe la expresión “informed opinion”, que se traduciría como “opinión informada”, y que se refiere a dar una opinión que no se quede en “me gusta” o “no me gusta”, sino que presente también argumentos sólidos que están cimentados en información pertinente. En “Así Somos”, lastimosamente la opinión parece ser del tipo personal, de “me parece” o “no me parece”, porque los argumentos tienden a ser superficiales y los datos brillan por su ausencia. Volviendo al segmento de la eutanasia, una de las damas, una abogada, aportó algunos puntos interesantes desde el punto de vista legal y varias de las opiniones tuvieron que ver con el sufrimiento y el derecho a una muerte digna, pero lastimosamente el tema no fue explorado más allá y se quedó, nuevamente, en opiniones. La invitada tampoco aportó gran cosa, excepto el decir que la vida tiene que acabarse de manera natural, es decir, una opinión más.

Pasando a un tema como el del alma, el problema se agudiza aún más. Este es un tema complicado, porque básicamente lo único que uno tiene es opiniones, desde “el alma no existe” hasta una visión muy tradicional del cristianismo, por un lado, y por otro visiones alternativas del mundo espiritual. Sin embargo, es un tema que da para un interesante debate y, sobre todo, para un espacio de mucho respeto porque justamente nadie tiene las pruebas en su bolsillo. Desafortunadamente, el tema fue tratado nuevamente como una cacofonía de opiniones que dieron la sensación de que cada cual hablaba del asunto como si se tratara de hechos y no de opiniones o creencias personales, sin realmente esgrimir argumentos de fondo (se podría, por ejemplo, haber mencionado los últimos debates religiosos entre ateos y creyentes, y entre creyentes de distintas religiones) ni buscar espacios de consenso, o al menos definir de manera más ordenada el disenso. Por último, el programa tenía como invitado a un individuo que era “experto” en la materia y que explicaba exactamente cómo funcionaba el asunto del alma. Me sorprendió porque, primero, no se mencionaba esto como un asunto de fé, sino como si de hechos se tratara; segundo, porque este señor tampoco explicó de dónde había él obtenido este conocimiento, qué argumentos lógicos sostenían su manera de pensar, en fin, nada.

Tengo la impresión de que éste es un problema de producción. Las presentadoras son carismáticas y talentosas, atractivas y con un humor muy natural, pero me parece que fallan porque el formato les impide utilizar su talento de manera más productiva. Me parece que para que un programa tenga real éxito hay que apostar por él, y eso implica tomar riesgos. Parte de esos riesgos es darle el espacio para que desafíe formatos tradicionales, para que se desarrolle y crezca, para que el público lo encuentre y lo valore; esto podría verse, verbigracia, en ofrecer segmentos más largos, que permitan un más exhaustivo análisis de los temas. Otra parte es darle los recursos adecuados, que se puede traducir, por ejemplo, en hacer encuestas para los temas, de tal manera que se cuente con estadísticas frescas y pertinentes; o invitar a verdaderos expertos para una discusión más profunda sobre el tema; o tener un equipo de investigación que recopile mejores datos para la discusión.

Yo sé que el dinero es un factor crítico. Si el programa no tiene buenos ratings no hay publicidad, y si no hay publicidad no hay ingresos y el programa se acaba. Entiendo que eso se refleja en la necesidad de buscar un formato que le interese a la gente, que no le aburra, que no tenga temas demasiado largos ni pesados, ni análisis demasiado sesudos.

Pero, para ser franco, si no se le apuesta a un cambio de formato, si no se le tiene fé al público y a su capacidad para apreciar cosas mejores y para crecer dentro de un programa que se desarrolla, entonces el resultado no va a ser “ni chicha ni limonada” y creo que un público más crítico va a sufrir una decepción y va a desertar, y un público menos exigente simplemente no tendrá interés en ver algo que no cuente con más minifaldas, bailes, concursos y acción.

Las Funciones de la Crítica

Como muchos otros blogs, éste es un compendio de temas que pueden parecer más claros índices de los caprichos de su autor (o su falta de dirección) que muestras de una organización que siga un curso lógico y tenga una meta definida. Si un blog sigue, quizás no en estilo pero sí en esencia, la lógica de un diario personal, entonces los escritos se rigen por los estados de ánimo del autor o por esas experiencias fundamentalmente personales que han sido significativas para ella o él. Una de las cosas que pretendo hacer, nuevamente sin un orden claro, es escribir reseñas de libros, películas, series televisivas u obras musicales, y el criterio de fondo no es el preparar un metódico compendio de reseñas ni una enciclopedia de obras de artes popular o de entretenimiento. Más bien mi afán es compartir mis puntos de vista sobre algo que he escuchado, visto o leído recientemente y que, de manera positiva o negativa, me ha impactado al menos de momento.

Pero el hecho de que los blogs sean personales no quiere decir que el autor pueda descontar la presencia —y la necesidad de la presencia— de un público de lectores. Incluso en la desafortunada situación de un blog que no tenga lectores (que sospecho que puede ser el caso de éste), el autor tiene el compromiso de tener esa audiencia en mente al escribir. Si no, ¿para qué escribir? Cuando habla solo, imaginando diálogos en su mente, ¿no existe justamente un interlocutor fantasma, una persona real y recordada o una ficción necesaria que, en nuestra mente, escucha lo que decimos e incluso responde y hasta desafía nuestros puntos de vista? Hay gente que necesita una audiencia pasiva y hay otros que requieren un verdadero interlocutor, pero en uno y otro caso, quien habla necesita alguien que le escuche y quien escribe necesita que alguien le lea. Y si necesitamos de alguien, lo menos que podemos hacer es tratarle con respeto: hay que establecer un compromiso entre nuestra necesidad de decir lo que queremos decir y de ser escuchados, y la necesidad de la audiencia de leer algo que le interese, que le entretenga, que le informe y le haga pensar y sentir.

Pensando al respecto se me ocurrió: ¿por qué leemos críticas de cine o libros o música? Para qué revisamos opiniones de otros, que pueden no tener nada que ver con las nuestras y que, por si fuera poco, pueden ser simplistas, desinformadas y mal escritas? Obviamente, porque esperamos más de una reseña, algún tipo de beneficio estético o práctico. En términos más generales, ¿cuál es la función de la crítica?

Yo pensaría que depende de quién la recibe, el autor o la audiencia.

La mayoría de autores (y aquí estoy incluyendo escritores, músicos, actores, intérpretes en general) acepta la crítica cuando ésta es positiva y la rechazan cuando es negativa. Es una reacción similar a la que tendría cualquiera de nosotros, sólo que complicada por más factores, porque hay más en juego. Cuando la crítica es positiva, el autor no solamente se siente contento porque se ha validado su talento y su esfuerzo, sino que también puede significar que profesionalmente va a tener más éxito con la obra y puede ganar más prestigio y dinero con ella.
Asimov dijo alguna vez (a lo mejor estaba citando a alguien más) que los críticos son como los eunucos: pueden ver, analizar, hasta sugerir, pero no pueden hacerlo ellos mismos. Cuando la crítica es negativa, esa es la reacción de muchos autores. Sienten que alguien que ha producido lo que él o ella ha producido (más aún si es alguien que ya tiene trayectoria) no debería ser criticado por alguien que jamás ha producido nada, que tiene menos fama y cuya profesión, por último, depende de lo que los artistas producen.

Parte del problema es que hay dos maneras en que un autor recibe validación o crítica: una es la respuesta de los críticos, la otra es el éxito de ventas. Y si bien hay autores que consiguen ambas cosas, en muchas ocasiones es uno u otro el resultado de su trabajo. El éxito de ventas no solamente parece un indicador más concreto (y posiblemente deseado) de que el autor está haciendo algo bien, sino que además implica que a mucha gente le gusta lo que uno ha producido. En otros casos, el autor (o el producto) reciben buenas críticas, pero pobres ganancias. Aunque esto puede ser una fuente de satisfacción personal, es también una inversión de largo plazo. Buenas críticas pueden eventualmente traducirse en mayor interés del público y mejor ventas. Así que cuando alguien ya tiene éxito, como el director Michael Bay o el escritor Stephen King o cantantes como Lady GaGa, al margen de la reacción de los críticos ese alguien puede darse el lujo de desechar las reseñas de los profesionales.

Pero la diferencia entre el gusto de las masas y las reseñas de los críticos es que éstos últimos tienen la obligación (aunque no necesariamente la cumplan) de argumentar sus opiniones. No nos engañemos: los críticos empiezan con una reacción visceral a la obra. Les gusta o no. Nadie entra y sale del cine emocionalmente neutro y sólo califica la película después de revisar sus anotaciones y sumar en una escala de valores sus elementos. Nadie escucha un disco y decide que el producto es bueno sólo si el número de canciones en ritmo de 6/8, o la complejidad de la instrumentación y la armonía son significativos. El crítico lee un libro o ve una película o escucha un disco o ve una pintura o una escultura, y le gusta o no. Solamente entonces busca argumentos para defender esa opinión. A veces tales argumentos modifican hasta un punto la opinión: por ejemplo, si a uno le encanta una película, después de pensar en ella para explicar tal gusto uno descubre que ciertos elementos son un poco derivativos o que el argumento no es del todo original. Pero la reacción inicial, aunque suavizada, se mantiene.

Esa argumentación depende del crítico. En muchos casos puede ser nada más que una excusa para defender una opinión basada en prejuicios. Pero si el crítico es bueno y conoce de lo que está hablando, sus argumentos deberían ser por lo menos informativos, lógicos, interesantes y, en último término, válidos. Y el hecho de que esas opiniones lleguen a un gran número de lectores hace más difícil que el autor (o el estudio o la casa editorial) pueda ignorar la crítica. La crítica, en estos casos, abre el debate y evita que exista demasiado autoindulgencia de parte del autor o de la industria que lo respalda.

Por otro lado, ¿para qué le sirve la crítica a la audiencia? ¿Tiene realmente algún propósito leer las opiniones de alguien más? Yo diría que sí, y por tres razones principales:
En primer lugar, una razón puramente práctica: la reseña provee información sobre la trama de la película o el libro, ofrece opiniones que pueden ayudar a saber si vale o no la pena la obra. Para esto es importante encontrar un crítico con el que uno coincida, por un lado, y saber también si aprecia todos los géneros o tipos de obras de igual manera (por ejemplo, hay unos que odian el terror, otros el misterio, otros que sólo aprecian la literatura tradicional). Así mismo, es importante tener cuidado con las reseñas que dejan saber demasiado de la obra.

Una reseña no debería funcionar como sustituto a ver la obra. Si uno tiene interés, al margen de lo que diga la crítica, uno debería ver la película o leer el libro. Pero la verdad es que uno no tiene el tiempo ni el dinero para ver o escuchar o leer todo. A veces es importante saber que aunque la película sea buena, no es un tipo de trama que uno quiera ver en un particular momento psicológico de nuestra vida. Los críticos, las reseñas, ayudan a saber si vale o no la pena ir a ver o comprar el producto.

La segunda razón es, hasta cierto punto, una extensión de la anterior, y es de alguna forma opcional: después de leer el libro o escuchar el disco o ver la película, quizás querramos discutir sobre esa obra, independientemente de su calidad (a veces, justamente porque son malas, se quedan en nuestra mente). Queremos saber qué piensan otros, si coinciden o no con nuestra opinión y por qué. Muchas veces, si no tenemos un criterio claro, o si visceralmente nos gusta o nos disgusta algo sin saber exactamente por qué razones lógicas, queremos saber qué es lo que piensa alguien más, qué es lo que vio esa persona que nosotros perdimos. A veces queremos que nuestra opinión sea validada y a veces queremos que sea desafiada. A veces simplemente queremos ampliar nuestro criterio con otros puntos de vista y otras perspectivas.

Una tercera razón es que en algunos casos el crítico escribe tan bien que el simple leer el artículo es un placer. El argumento es expuesto con claridad y estilo, y muchas veces, aún sin ver la obra, ganamos perspectiva o profundidad emocional al leer una buena reseña. A veces el humor es excelente y a veces hay crítica social que vale la pena al margen de aplicarla a la obra en cuestión. A veces aprendemos más sobre el arte en general, por ejemplo sobre cine o literatura o música, con criterios vertidos en la crítica que realmente amplian nuestra visión de ese arte. Y otras veces también prestamos atención sobre autores o directores o intérpretes de los que no sabíamos nada.

Yo no voy a pretender, cuando publique reseñas en esta página, que mi opinión es completamente imparcial o que sé todo lo que hay que saber sobre el género. Mi compromiso es, sin embargo, intentar argumentar de la mejor manera lo que opino, es decir, con información y ecuanimidad. Como hay un espacio para comentarios, los visitantes pueden también hacerme saber si están de acuerdo o no, si les parece que he sido demasiado prejuicioso o si me he dejado vencer por mis emociones, o si tengo errores de información. Pero mi respeto a los lectores asegurará mi compromiso, y también que aclare cuando mi opinión no es más que un gusto personal.

Sunday, June 6, 2010

Prólogo

Bueno pues, éste es mi blog (también con una versión en inglés). Siempre llego tarde a la fiesta: hace mucho tiempo, yo tenía una página de internet que se veía increíblemente estática. No tenía animaciones o elementos de flash o un fondo sofisticado. Tampoco ofrecía características interactivas. En realidad, no tenía casi nada que ofrecer, al menos en términos de estilo. Y mi página de facebook es una fantástica forma de perder mi tiempo viendo y escribiendo trivialidades en las que otras personas parecen interesarse.

Ahora todo el mundo parece estar brincando dentro del mundo del twitter y la comunicación via texto en los teléfonos celulares, y yo apenas si utilizo esos aparatos, no veo ningún propósito en twitter, y en el fondo siento que toda esta ‘tribuna frente al mundo’ es solamente un mecanismo de autoindulgencia para convencernos de que somos importantes, que tenemos una audiencia, de que nuestra opinión vale la pena.

Pero, ¿qué es lo que es la vida, sino un delirio acerca de metas, direcciones e importancia? Pensamos que vamos a algún lado, que podemos marcar la diferencia y que nuestro nombre está escrito en unos pocos de los ladrillos que construyen un mundo mejor.

De todos modos... o podemos saltar de un puente y acabar con todo o podemos dar a ese delirio un sentido de realidad y un mínimo de satisfacción. Si esa satisfacción paga algo de dinero, aún mejor. Pero sólo unos pocos escogidos realmente viven de expresar opiniones. El resto de nosotros tenemos que encontrar placer en el elusivo sentido de haber creado algo. Donde no había nada, ahora tendremos ideas, y con un poco de suerte, un artículo interesante, informativo y, quizás, bien escrito. Al final del día, esto tiene que ser mejor que cambiar canales y preocuparnos demasiado de las repetitivas vidas de personajes ficticios (no es que no me guste ver televisión, pero seguir las vidas de Jack Bauer, Jack Shepherd o cualquiera de los otros Jacks y Juanes y Marías y Ashlesy que pululan en la pantalla no nos deja, en el largo plazo, con mucho por decir acerca de nuestras propias vidas).

Así que aquí estoy, pensando que tal vez twitter no es tan mala idea después de todo, especialmente cuando pienso que un límite de 140 caracteres podría reducir el monto de tiempo desperdiciado en esta actividad. Pero quizás, de vez en cuando, habrá algo que necesite más palabras para ser descrito o analizado o elogiado. Tengo ilusión de poder persuadirme de que frecuentemente podré encontrar ese algo.